Mi primer hackathon como participante fue hace algunos años y llegué con mucho estrés, porque tenía que leer al pie de la letra la documentación de tecnologías que nunca había tocado solo para poder empezar. La mitad del tiempo se me fue configurando cosas y la idea que queríamos construir terminó siendo apenas un esqueleto de lo que habíamos planeado al inicio.
Después fui mejorando, llegaba a los eventos sabiendo qué tecnologías quería usar y con el setup listo para acelerar el proceso, lo que nos dejó enfocarnos en construir algo funcional y útil de verdad. Eso nos llevó a mi equipo y a mí a ganar hackathons internacionales.
Con el tiempo pasé a otros roles, como mentora y organizadora, y les fui tomando cada vez más cariño a estos formatos. Cambié el estrés de participar por el estrés de sostener el evento desde atrás. Si, el estrés siempre termina siendo parte de un hackathon y aun así lo que sale de estos días hace que valga la pena.
Aunque los amo, en los últimos años veía cómo, a pesar de que los proyectos eran cada vez mejores, el desenlace seguía siendo el mismo: la mayoría moría apenas terminaba el evento, incluidas las ideas ganadoras.
Cuando nació la idea de hacer un hackathon con una de las empresas más grandes de Colombia, sabía que no quería repetir ese final, por eso buscamos conectar retos reales de Colsubsidio con builders talentosos de Colombia y del resto de LATAM.
Los números
856 registrados, cinco días, dos virtuales y tres presenciales en Bogotá, más de 20 mentores, 14 charlas, 4 retos reales de negocio, más de 100 proyectos entregados al final. Y estos son números muy interesantes, pero se quedan cortos para explicar el impacto real: las soluciones fueron tan buenas que Colsubsidio está coordinando reuniones con la mayoría de los proyectos entregados, incluidos los que no llegaron a la final.
Ese es el resultado que me hace pensar que vamos por buen camino, porque son proyectos con potencial real y hoy tienen posibilidades de entrar gracias a la innovación abierta para convertirse en implementaciones.
Tres cosas que me llevo
El talento en LATAM tiene inspiración de sobra. Lo que le falta son oportunidades concretas.
Sobran los hackathons que te invitan a construir con la tecnología de su empresa. Lo que escasea en la región son espacios donde una empresa grande ponga sobre la mesa un problema que de verdad le duele y se comprometa a mirar lo que salga de ahí.
La IA democratizó quién puede construir.
Los hackathons siempre se trataron de velocidad, lo que cambió es que hoy esa velocidad ya no cuesta calidad: un equipo puede llevar un proyecto de idea a despliegue en cinco días y que además funcione.
Lo que más me llamó la atención fue la composición de los equipos: vi diseñadores, gente de producto y personas de negocio construyendo producto, tomando decisiones técnicas que hace dos años habrían delegado.
Eso amplía el embudo de quién se anima a participar, y también sube la vara: cuando escribir código deja de ser el cuello de botella, lo que te diferencia es entender el problema mejor que los demás.
Las alianzas que multiplican se construyen con meses de anticipación.
El equipo de Innovación de Colsubsidio trabajó con nosotros durante meses definiendo retos, revisando datos y aterrizando ideas, un trabajo invisible que determino el impacto del evento.
Le agradezco a Colsubsidio haber abierto retos reales en lugar de casos de estudio inventados, eso convirtió el evento en un ejercicio de innovación abierta que conecta talento con oportunidades reales de implementación.
Pero, ¿qué pasa después?
Mi problema con otros hackathons, como mentora, organizadora e incluso como participante, siempre fue el mismo: los proyectos llegan hasta el último día y ahí se quedan.
Por eso esta vez el foco estuvo en resolver problemas reales, hoy eso se traduce en una empresa grande mirando soluciones que no tenía en el radar y en la posibilidad de que implemente proyectos más allá de los que quedaron ganadores.
Y está el impacto adicional que no solemos medir: personas que llegaron el día uno convencidas de que no eran lo suficientemente técnicas y se fueron el domingo con un producto funcionando y con la seguridad de que pueden volver a hacerlo, además de las conexiones, con developers que armaron equipo con personas que no conocían y seguirán trabajando juntos, e incluso juniors que conectaron con seniors que hoy pueden ser sus mentores en su carrera laboral.
Vamos por la siguiente, aprendiendo y mejorando cómo seguir creando impacto real de este tipo de eventos en nuestra región.
